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El 16 de junio de 1997, fallecia en Alexandria, en el estado de Virginia, uno de los padres del programa espacial estadounidense: Wernher von Braun. A pesar de lo animosos que habian sido a lo largo de su vida, la lucha contra un cancer de colon lo había mantenido postrado en sus últimos meses, hasta el punto de impedirle recorrer los 10 km que le separaban de Washingtong para recoger la Medalla Nacional de la Ciencia. Era la mas alta condecoración cientifica del país, y se la había concedido el presidente Gerald Ford en reconocimiento a su fructífera investigación en el campo de la astronáutica.                                                                                                                                                                               La misma tarde de su muerte, antes que la noticia trascendiera a los medios de comunicación, fue inhumado en el cementerio local de Ivy Hill en la mas estricta intimidad. Casi en secreto. Eso chocaba con la popularidad que mantuvo en vida y a la que tan apegado estaba. Se dijo que había sido así por decisión suya, pero se barajó la posivilidad de que sus familiares hubieran querido evitare cualquier situación embarazosa que pudiera ensombrecer su último adios.

Wernher, el segundo de los tres vástagos de los varones von Braun, habia nacido en 1912 en la localidad prusiana de  Wirsitz, la actual Wyrzysk polaca. Magnus, su padre, era un respetado miembro de la nobleza terrateniente prusiana. En las filas del partido nacionalista y conservador DNVP llegaría a ocupar el cargo de ministro de agricultura en el gabinete de Franz von Papen 1932. Su madre, de soltera Emma von Quistorp, provenía un cambio, de un entorno mas liberal.                                                                                                                                                                                                                               Desde muy niño Wernher daría muestras de una gran inteligencia y de una aguda sesivilidad, en la que la influencia materna resultaba palpable. Pianista precoz, parecía que en la música podía residir su futuro. Pero cuando su madre le regalo un telescopio se sintió atraido por la astronomia. Esa pasión ya no le abandonaria.                                                         Pronto podría comprobarse no solo su interes por el tema, si no también su caracter emprendedor. A los 12 años de edad, recién instalado en Berlín por exigencias del trabajo de su padre, convenció a su hermano mayor para DOTAR DE PROPULSIÓN A UN COCHE DE PEDALES. La idea no era nueva. Los periódicos mencionaban a diario toda clase de ensayos para imprimir mayor velocidad a los automóviles, y es probable que se inspirara en ellos. Pero sí resultaba sorprendente la corta edad de los aventureros.                                                                                                                                              Para llevar a cabo su idea, gastaron todos sus ahorros en cuantos cohetes pirotecnicos pudieron y los instalaron en la parte posterior del artilugio. Con wernher al volante, su hermano Sigismund, prendió fuego a las mechas, y el artefacto se arranco a toda velocidad por una calle vastante transitada de Berlín, dejando una estela de humo, chispas, mucho susto y asombro y alguna que otra quemadura. El episodio acabaría en comisaría, con una multa a desembolsar por el padre y un ejemplar castigo para ambos hermanos.                                                                                                Algunos otros episodios por el estilo, junto con el fracaso escolar, hicieron que sus padres lo mandaran a un internado próximo a Weimar, y después a otro en la isla de Spiekeroog, en el mar del Norte, reputado por sus modernos métodos pedagogicos. Sería precisamente en este último donde caeria en sus manos un ejemplar libro El cohete hacia el espacio interplanetario, de Herman Oberth. No entendio sus tecnicismos, pero le movio a mejorar sus conocimientos en matematicas y fisica, imprescindibles para comprenderlo y superarlo. Constante y entusiasta, otras de sus caracteristicas personales más acusadas, llegaría a convertirse en el mejor alumno de esta disciplina. Incluso se le permitió sustituír a algun profesor ausente. El joven Wernher había encontrado su razón de ser.

De regreso en Berlín como alumno de la Universidad Tecnica, trabó amistad con Willy Ley, miembro de la recien fundada Sociedad para el Viaje Espacial(VfR), una sociedad civil que experimentaba con cohetes de propelente liquido. Ley le animaria a entrar en ella, lo que Wernher hizo en 1929. Pronto se convertiria en uno de sus mas dinamicos integrantes, al amparo de su admirado Oberth, que tambien lo era.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                            Los esayos de la VfR llamaron la atencion de la Oficina Tecnica del Ejercito, siempre dispuesta a compensar con mejoras técnicas los escasos medios que el Tratado de Versalle permitía mantener la antigua Reichswer. El interes no era nuevo. Más de un decenio antes, ep propio Oberth decía haber suguerido al Ministerio de la Guerra la fabricación de cohetes dotados de un amplio radio de acción y capaces de transportar una carga explosiva. Otras prioridades provocarían su rechazo en aquel momento.                                                                                                                                                        En 1932 la situación habia cambiado. Ahora el ejército parecía dispuesto a proporcionar los tan  necesarios recursos, justo cuando la VfR se hallaba al borde de la asfixia economica. Eso si, siempre que los avances tecnicos, tubieran una aplicacion militar. Tras una primera alluda en metálico llegó el momento de la verdad: los miembros de la VfR llebaron a cabo una prueba de su cohete Mirak II ante los mandos y tecnicos militares. El resultado fue desastroso: tras elevarse  unos 30 metros, el cohete cayo en picado. Como consecuencia, el Ejército retiro la suvención. Todo parecia perdido, pero no para von Braun.                                                                                                                                                          Haciendo acopio de toda la documentacion que pudo encontrar, el joven se presentó a los militares para exponerles la bondad de las investigaciones llevadas a cabo por la VfR. Allí encontraría a dos inesperados valedores:

El coronel Karl Becker y, en especial, por entonces capitán Walter Dornberg. Con ellos llegó a un trato: se reanudaría la ayuda si los miembros de la VfR se trasladaban al campo de pruebas de la artillería en de Kummersdorf, a unos 20 km al sur de Berlín, como empleados civiles de la Reichswehr, que controlaría los experimentos.                   No todos los miembros de la VfR aceptarían el acuerdo, aunque si la mayoría. Pero lo más significativo para el joven no había sido esto, sino haberse convertido en el principal interlocutor con sus patrocinadores. De ahí a ostentar el liderazgo tácito del grupo había un paso, que no tardo en llegar. Poco después  era nombrado como director técnico del proyecto, todo un reto para un recién graduado ingeniero mecánico.

Co en ascenso de los nacionalsocialistas al poder en Alemania, la situación del equipo de von Braun no hizo sino mejorar. No solo por la decisión política de crear unas fuerzas armadas poderosas, sino porque los nuevos gobernantes carecían de las viejas ataduras conceptuales que limitaban toda innovación. Para convertir a la ahora llamada Wehrmarcht en una maquina fuerte y poderosa, Hitler y los suyos no repararon en gastos. Con los nazis, lo puramente académico había perdido peso a favor de lo práctico. Para toda clase de ingenieros y técnicos, había comenzado una época de promoción social y profesional que no parecía tener límites.                                               En 1934 von Braun obtuvo el doctorado con una tesis sobre los combustibles líquidos para cohetes que no verían la luz pública, al ser declarada secreta. Mientras, los ensayos en Kummersdorf seguían con notables

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